jueves, 28 de enero de 2016

Todavía no llegó el fin


Tal vez yo voy a envejecer muy rápido. Pero lucharé para que el día haya valido la pena.
Tal vez sufra innumerables desilusiones en el transcurso de mi vida. Pero haré que ellas pierdan la importancia delante de los gestos de amor que encontré.
Tal vez yo no tenga la fuerza para realizar todas mis ideas. Pero jamás me consideraré un derrotado.
Tal vez en algún instante yo sufra una terrible caída. Pero no me quedaré mucho tiempo mirando el suelo.
Tal vez un día el sol deje de brillar. Pero entonces iré a bañarme en la lluvia.
Tal vez un día yo sufra alguna injusticia. Pero jamás iré a asumir el papel de víctima.
Tal vez yo tenga que enfrentarme con algunos enemigos. Pero tendré la humildad para aceptar las manos que se extendieron hacia mi.
Tal vez en una de esas noches frías yo derrame muchas lágrimas. Pero jamás tendré vergüenza por ese gesto.
Tal vez yo sea engañado muchas veces. Pero no dejaré de creer que en algún lugar alguien merece mi confianza.
Tal vez con el tiempo yo reconozca que cometí muchos errores. Pero no desistiré de seguir recorriendo mi camino.
Tal vez con el transcurrir de los años yo pierda grandes amigos. Pero aprenderé que aquellos que son mis verdaderos amigos jamás estarán perdidos.
Tal vez algunas personas quieran mi mal. Pero yo continuaré plantando las semillas de fraternidad por donde yo pase.
Tal vez yo me quede triste al percibir que no consigo seguir el ritmo de la música. Pero entonces haré que la música siga el compás de mis pasos.
Tal vez yo nunca consiga ver un arco iris. Pero aprenderé a diseñar uno aunque sea dentro de mi corazón.
Tal vez hoy me sienta débil. Pero mañana recomenzaré, aunque sea de manera diferente.
Tal vez yo nunca aprenda todas las lecciones necesarias. Pero tendré en la conciencia que las verdaderas enseñanzas ya están grabadas en mi interior.
Tal vez yo me deprima por no saber la letra de aquella canción. Pero estaré feliz con las otras capacidades que si poseo.
Tal vez no tenga motivos para grandes conmemoraciones. Pero no dejaré de alegrarme con las grandes conquistas.
Tal vez la voluntad de abandonar todo se torne mi compañera. Pero en vez de huir, correré detrás de lo que deseo.
Tal vez yo no sea exactamente quien me gustaría ser. Pero pasaré a admirar a quien soy.
Porque al final sabré que, asimismo con incontables dudas, soy capaz de construir una vida mejor. Y si todavía no me convencí de esto, es por que creo en el dicho "todavía no llegó el fin".
Porque al final no habrá ningún "tal vez" y sí la certeza de que mi vida valió la pena y yo hice lo mejor que podía.

domingo, 3 de enero de 2016

¿Qué es el stress?


Un síntoma de los tiempos modernos que no debemos desatender, por el bien de nuestra calidad de vida.
El biólogo canadiense Hans Selye definió al estrés ("stress" en inglés) como una respuesta adaptativa del organismo ante un estimulo real o imaginario.
Otra forma de llamar al estrés es: tensión. El mismo miedo que nos hizo salir huyendo de la cueva perseguidos por un oso hambriento; el mismo que nos permite levantar un auto si nuestro hijo ha quedado prensado abajo, pero también puede ser ese miedo a triunfar y a ser mejores cada día hasta alcanzar el éxito en todos los proyectos que tengamos en mente.
El problema se presenta cuando esta reacción orgánica es provocada por diversos factores como:
  • Factores físicos: enfermedades, tratamientos de larga duración.
  • Ambientales: como el ruido, campos electromagnéticos positivos, la contaminación.
  • Emocionales: enojos, frustraciones, depresión, pena.
  • Sociales: violencia intra-familiar, violencia y presión laboral.
  • Cognitivos: creencias o formas de pensar destructivas y enfermizas.
  • De personalidad: actitudes o vicios (alcohol, tabaco, drogas).
  • Económicos: deudas, desempleo, sueldo insuficiente.
  • De carácter: como excesiva rigidez, nerviosismo e hiperactividad.
Cuando nuestro estilo de vida alberga algunos o la mayoría de estos factores, el organismo responde con lo que se conoce como el Síndrome de Adaptación, en sus tres etapas, según la intensidad del agente de estrés.
Está científicamente comprobado que el stress es un fenómeno fisiológico y psico-biológico, así como una respuesta neuro-endocrina y psicológica.
Para construir un concepto de estrés, recordemos que desde los estudios pioneros de Seyle, entendemos por estrés un conjunto de condiciones que se producen en el organismo, tanto en la esfera física como psicológica, como consecuencia de exigencias originadas en el trabajo y en la vida diaria, que superan las capacidades de respuesta y de adaptación del sujeto.
El NIOSH (National Institute of Occupational Health and Safety) tiene una aproximación que reconoce que los factores del trabajo pueden generar estrés; y que los factores personales y situacionales intervienen para fortalecer o debilitar ese efecto.
Respecto de los efectos tardíos del estrés, aunque no está tan claramente demostrada la asociación, también se sospecha que el estrés puede causar problemas de largo plazo, ayudando en la aparición de enfermedades crónicas.
Algunas investigaciones han planteado las siguientes consecuencias potenciales:
  • Enfermedad Cardiovascular: Existen estudios que plantean que trabajos psicológicamente muy demandantes, con escaso control del trabajador sobre el proceso productivo, se asocian a riesgo aumentado de enfermedad cardiovascular; específicamente se menciona hipertensión arterial, infarto al miocardio y accidente vascular cerebral.
  • Respecto de las Enfermedades Músculo esqueléticas, existe una opinión ampliamente extendida en especialistas de salud ocupacional acerca de que el estrés laboral aumenta el riesgo de sufrir lumbago y lesión de extremidades superiores (tendinitis), cervicobraquialgia y fibromialgia..
  • En las enfermedades Psicológicas, se ha observado que hay diferencias en la frecuencia de diversos cuadros de salud mental, como depresión y el síndrome de desgaste profesional (burn-out) asociado a ocupaciones diferentes en cuanto a su nivel de estrés.
  • El cáncer, la accidentabilidad, el suicidio y otros cuadros también han sido relacionados con el estrés, aunque aún es necesario contar con mayores estudios para certificar dicha relación.
  • Para mas abundar, se ha asociado estrés y enfermedad coronaria pues se ha demostrado que el estrés actúa elevando el colesterol sanguíneo, induciendo hipertensión arterial, con lo que contribuye al daño coronario; si se añade la agregación plaquetaria y la descarga de adrenalina y noradrenalina tenemos una explosiva combinación.
  • En cuanto a enfermedad gastrointestinal, se ha observado que en una tarea de alto estrés, como es la de los controladores de vuelo, estos trabajadores tienen el doble de úlcera duodenal que otros trabajadores aeronáuticos comparables (Cobb et al. JAMA 1973)
  • La enfermedad neuropsiquiátrica se ha estudiado en largos seguimientos, por mas de 20 años (Kornhauser), que muestran aumento de problemas de salud mental en estrecha relación con factores primariamente laborales (satisfacción, remuneraciones, control, rol, rutina).
  • Alcohol, drogas y suicidio Los estudios muestran una prevalencía creciente de uso de alcohol y drogas en el entorno laboral. Hay múltiples estudios y la evidencia clínica, proveniente de la práctica médica y de psicólogos. Se puede citar el caso del suicidio en EE.UU., que ha sido históricamente mayor en hombres blancos, tendencia que no parece justificado suponerla ligada al sexo o raza, puesto que esta tendencia cambia al incorporarse progresivamente estos grupos a la fuerza de trabajo. En la misma línea está el hecho que las mujeres doctoras y químicos tienen una tasa de suicidio mayor que la que muestran las mujeres en general. Además, la tasa de suicidio en hombres de color aumenta al incorporarse a tareas que antes eran sólo realizadas por hombres blancos.
Algunos de los síntomas que se presentan cuando existe un exceso de estrés son:
Depresión, inseguridad, falta de autoestima, conflictos intra familiares o conyugales, insomnio, miedo, ansiedad, mal humor, falta de creatividad, problemas laborales, palpitaciones, transpiración excesiva, presión en el estómago, náuseas, músculos tensos, ritmo cardíaco acelerado, deficiencia respiratoria, rechinar los dientes, incapacidad para concentrarse o mantenerse quieto, poco control sobre las reacciones, escalofrío, sonrojo o rubor, aturdimiento o desmayo, cambios en el ritmo de la respiración, toma de malas decisiones, somnolencia diurna, pesadillas, sueño no reparador, sudoración en las manos, temblor en las manos, boca reseca, manos y/o pies fríos, indecisión, desesperación, bochorno, calambres, debilidad y fatiga.
Muchas enfermedades cardiorrespiratorias, auto inmunes, neuroendocrinas y otros desequilibrios psico-fisiológicos tienen un elemento común en su origen, que predispone, acelera y empeora el desarrollo de estos padecimientos el estrés.

Vivir así demanda más energía de la que el cuerpo puede producir; desgasta y deteriora los tejidos y las células, disminuyendo nuestra capacidad de respuesta, productividad, creatividad y sobre todo, nuestra oportunidad de disfrutar la vida y tomar conciencia de nuestra experiencia humana y expandirla.

Mañana es mejor


El presente es la oportunidad de construir la realidad, de abandonar la distorsión para elegir a conciencia.
Hay una tendencia que prácticamente todos alguna vez hemos experimentado: volver al pasado. Cuando las cosas no resultan tal cual las hemos planeado siempre aparece la nostalgia de creer que el ayer es mejor que el hoy.
Repasamos en nuestras mentes felicidades pasadas, amores de antaño, anécdotas adolescentes, palabras y hechos que alguna vez ocurrieron y ya no sabemos cuándo, pero sí estamos seguros que ninguna conexión tienen con el tiempo presente.
La actualidad tiene mala prensa, es un estado de las cosas que preferiríamos evitar. Hay un pasado en el cual supimos elegir, vivir o quizá hizo de nuestra biografía una historia más lúcida que la que hoy nos atraviesa. Cuando la desolación toca la puerta, es frecuente creer a capa y espada que todo tiempo pasado fue mejor. Pero, ¿qué pasa con el recuerdo? ¿Rememoramos lo vivido con precisión o sólo es una melancolía de lo que creemos que ocurrió? ¿No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió?
El recuerdo es una trampa.
Es probable, que cuando apelamos al pasado para matar al presente, tomemos sólo su mejor parte. Así, "casualmente" olvidamos que en ese ayer que tanto reivindicamos teníamos los mismos o mayores problemas que en la actualidad.
La distorsión es el denominador común de la melancolía. Hay una tendencia a querer pensar que el pasado fue aquel momento en el cual las personas, las circunstancias y el azar jugaban a nuestro favor. El ayer es el momento en el cuál podemos recrear las condiciones que elijamos, ya pasó, no hay manera de revivirlo y entonces, nos permitimos escatimar o sumar las palabras a los hechos que en realidad jamás hemos experimentado. La imaginación ocupa un rol protagonista en la nostalgia.
El escritor uruguayo, Eduardo Galano en su poema "Los recuerdos", sabía de qué viene la melancolía: "Los recuerdos suelen contarte mentiras. Se amoldan al viento, amañan la historia; por aquí se encogen, por allá se estiran, se tiñen de gloria, se bañan en lodo, se endulzan, se amargan a nuestro acomodo, según nos convenga; porque antes que nada y a pesar de todo hay que sobrevivir".
Y de eso se trata, es el transcurrir que implica la vida, los fracasos y los errores no son aclamados por nadie, son tan huérfanos como ese presente que los contiene. Quizá como uno de los sistemas de escape más frecuentes, nos empezamos a creer que nada de lo actual es legítimo, que alguna vez existió un pasado mejor. Consideramos un ayer en el que nada tiene en común con quienes somos hoy, y aún así preferimos estar lejos de la verdad y cerca de la mentira. No hay falacia más enorme que creer que el pasado es un refugio válido para el presente o el futuro. El ayer ha quedado atrás, y hemos sobreestimado el recuerdo de quienes fuimos Hicimos, hablamos y actuamos en pasado por una identidad que ya no tenemos y a la hora de elegir seguramente, quienes somos hoy haría un camino diferente.
El presente es la oportunidad de construir la realidad, de abandonar la distorsión para elegir a conciencia. El pasado nos engaña y el hoy nos invita a cambiar a cada instante.
Sostener el ayer sólo nos tiene en sala de espera….

La empatía, un bien necesario

“Las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”. (Mahatma Gandhi)
La cotidianeidad nos muestra de manera constante que la “empatía” es una habilidad que muy pocas personas practican en el día a día.
Los expertos en relaciones humanas o sociales, han calificado a esta época como la era del narcisismo. Salir del yo, es una rareza. Sólo entendemos a otro cuándo le ha ocurrido una situación idéntica, similar o cercana a una experiencia propia.
De lo contrario, pueden suceder dos variables. Su interlocutor no lo escucha o lo juzga. Salir de la palabra y la experiencia propia para comprender el sentido de la problemática ajena, es una cualidad que muy pocos llevan a cabo.
La capacidad de ponerse en el lugar del otro, recibe el nombre de “empatía”, y se define como “la habilidad que posee un individuo de inferir los pensamientos y sentimientos de otros“.
No solamente, implica entender sino también tener la sabiduría de leer emocionalmente a las personas, comprenderlas.
Más allá de estar de acuerdo o no con las decisiones, quién ejerce la empatía se preocupa y ocupa de evaluar cómo una persona actúa o piensa de tal o cual manera. Se pone en sus zapatos, y así anda su camino. Intenta dar cuenta de cómo las palabras y los hechos pueden ser distintos al de uno mismo, en la perspectiva de otro.
El tiempo suele ser sabio para quien no fue empático en su momento ¿Cuántas veces nos encontramos juzgando conductas ajenas y luego la vida nos ha puesto en ese mismo lugar? Y así, cuándo las circunstancias nos atraviesan, decimos “cuanta razón tenía, hoy sí lo puedo entender”.
No hay actitud más fácil, que juzgar cuándo no estamos de acuerdo. La palabra va más rápido que la razón y así, nos perdemos la experiencia de saber, conocer y comprender a nuestros pares. La empatía no sólo es un beneficio para las relaciones humanas cercanas, es una oportunidad para entender a personas que parecen, en apariencia, antagónicas al sí mismo. Pero, para ejercer esta capacidad primero debemos dejar de mirarnos el ombligo y por sobre todas las cosas, escuchar; un verbo que en los últimos tiempos se ejerce a duras penas.
Las relaciones humanas, como mínimo se construyen de a dos. Un ser social, cualidad primordial para ser un individuo que vive en sociedad, puede jerarquizar su condición siendo alguien capaz de abandonar su deseo egoísta por la capacidad de interpretar y ayudar a otro que lo necesita.

La empatía no requiere ni largos discursos, interpretaciones intrincadas o consejos exactos. A veces, una sonrisa o una abrazo valen más que mil palabras, y devuelven ese entendimiento que se necesita.

Ser uno mismo es posible

Tomar conciencia de nuestra propia identidad, actuar en consecuencia y convertirse en un ser auténtico, es una tarea que puede llevar toda una vida.
Las instituciones y el entorno social son determinantes a la hora fijar patrones de conducta en todo ser humano que viva en sociedad. Pero, ¿cómo tomar conciencia de quiénes verdaderamente somos para finalmente poder conseguir la felicidad ?.Quizá, ésta sea una pregunta existencial que todo individuo se formula desde que nace, pero a partir de la adolescencia la formación de una identidad, se hace notoria y luego en la adultez se querrá tener resuelto una personalidad lo más auténtica posible.
Condicionantes por doquier, limitan la libertad de "ser uno mismo". La sociedad en su conjunto, a veces la familia de origen y otras tantas la que se ha formado, el área laboral o bien, toda actividad en la que se forme parte, y muchas veces casi sin elegirlo, limitan la autenticidad. Un gran ensayista, filosofo y pensador sobre esta temática fue Jean Paul Sartre, quien a partir de su obra "El devenir del ser" planteó las desventuras del hombre, para existir entre la libertad y el ser frente a las presiones permanentes del entorno.
"Simplemente nos encontramos existiendo, y entonces - afirma el autor- tenemos que decidir que hemos de hacer con nosotros mismos. Como no hemos sido creados para hacer nada en concreto, cada hombre deberá buscarse un fin propio, válido solamente para él y realizar su proyecto particular". En este contexto, Sartre plantea que la mejor búsqueda del individuo para lograr la autenticidad es tener un objetivo, un sueño, un propósito o una meta y trabajar incansablemente para llevarla a cabo. Pero no es tarea fácil, el filósofo francés reconoce las limitaciones que muchas veces implica la libertad. Es decir, bajo condicionamientos pautados, aunque sea infeliz, el ser humano sabe a lo qué se expone. En cambio, si se deja librado a su propio azar el dominio de su destino, la angustia invade y hasta puede paralizar la concreción de un proyecto.
Sartre define a la libertad como una "sensación incómoda", debido a que hay que saber qué hacer con ella, por lo tanto si el sujeto no se define y no encuentra todavía un sentido para su vida, no sabrá cómo actuar. "El hombre está condenado a ser libre, pero también se crea libremente los condicionamientos y los obstáculos cuando los proyectos previamente trazados son erróneos", describe.
El inicio de la búsqueda del sentido de un proyecto, sueño o meta siempre genera aquella angustia que desencadena la incertidumbre. La libertad de poder ser uno mismo libera, pero también da temor. Bajo esta misma perspectiva, también se inscribe el creador de la Logoterapia y psiquiatra alemán, Victor Frankl. En su ensayo "El hombre en busca del sentido", fundamenta cómo el ser humano puede encontrar la felicidad a través de los valores que implican estar involucrados con la concreción de su sueño ya sea personal, profesional o ambos.
La Logoterapia es un método psicoterapéutico que consiste en mirar hacia el futuro, proyectar con sentido y valores y así el individuo podrá encontrarse a si mismo. La biografía de Frankl es el mejor ejemplo, de cómo se puede encontrar motivación hasta en las circunstancias más desoladoras. El autor fue capturado por el ejército nazi y su destino fue el campo de Auschwitz soportó vejaciones, torturas, frío y hambre al extremo. Y no sólo eso, en manos de los nazis murieron su esposa y su hija.
"Cuando fui internado en el campo de concentración, -relata- me confiscaron un manuscrito listo para su publicación. Sin ninguna duda, mis intensos deseos de reconstruir ese libro me ayudaron a superar los inhumanos rigores de estar en Auschwitz. Estoy convencido de que esa esperanza, al límite de mi resistencia, me ayudó a salvar la vida". La situación más extrema puede devenir en una esperanza que salva la vida. El resultado de aquel sueño de reconstruir el manuscrito resultó en su máxima obra "El hombre en busca del sentido".

Reconocer nuestra autenticidad y así dar sentido a nuestra identidad es una tarea que, por más ardua que sea, significa la respuesta a hacer palpable la felicidad. Sartre propone la autenticidad como la guía de nuestra conducta y no consiste más que en aceptar la temida libertad y tomarla con responsabilidad. Para lograrlo, no hay mejor consejo que el de Victor Frankl: "El qué tiene un por qué puede soportar cualquier cómo. El hombre no necesita vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta o una misión que le merezca la pena".

Improvisar no es para improvisados


El genial Elías Bajer nos regaló hace años atrás 10 consejos del mundo del Jazz para la vida. Hoy los publicamos, pensando el el nuevo año que comienza.
Es bien sabido que en la creatividad está la ventaja competitiva que tomaremos frente a nuestros colegas o competidores.
Muchos líderes buscan en el jazz esa fuente con la que hay que nutrirse día a día para no volver a los viejos esquemas mentales del pasado.
En el jazz, improvisar, innovar, crear, descubrir, son palabras corrientes; siempre está ese espíritu porque el jazz tiene inmersa esta fuente inagotable, resumida en 10 características:
  1. La diversión, la alegría, es el escenario fundamental. Con amargura, bronca, celos, odios, envidias es imposible que nos brote una nueva frase creativa. Divertirse trabajando no es dejar de ser responsable.
  2. El momento del solo es la oportunidad para improvisar, no es antes ni después, es ese momento y está acotado.
  3. Vivimos intensamente ese momento, hacemos una desconexión mental del pasado, de éxitos o fracasos anteriores, de historias, de recuerdos, de grandes tocatas, de excepcionales solos, aún de los problemas del día a día. Es en ese exclusivo momento donde hay que estar conectado y a full.
  4. Generado el clima y la relación de confianza en el equipo, dejamos fluir la improvisación desde nuestro interior para descubrir nuevas frases musicales, espontáneas, impredecibles, irrepetibles.
  5. Olvidamos al crítico interior que todos tenemos detrás de nuestra rigidez o mapas mentales y nos lanzamos seguros que algo nuevo va a aparecer.
  6. Asumimos un compromiso creativo siempre renovable, desafiante frente a uno mismo, al equipo y a la audiencia.
  7. Ingresamos confiadamente a zonas de alto riesgo, desde donde siempre obtenemos las grandes diferencias.
  8. Si bien uno está solo para hacer el solo y ciertamente se expone, existe una alta conexión con los miembros del equipo quienes lo apuntalan con una tendencia proactiva y esta característica permite enfrentar situaciones inesperadas latentes en todo momento. ¿Qué músico no se equivoca?
  9. Sabemos que en la improvisación cometemos errores, nos desenfocamos pero siempre aprovechamos esos momentos para crear algo nuevo, fraseos agradables, frescos, superiores a los estándar y éstos brotan en la flexibilidad de todo el equipo.
  10. Improvisar es una metáfora también sobre la habilidad de resolver los problemas a medida que se presentan.
En el jazz nos destacamos por ser creativos, ¿Con que creatividad se destacará Usted para liderar este 2016?

Práctica de la sana autoestima



Lo cierto es que en la vida, es importante tener una sana autoestima para vivir de acuerdo a tu propio criterio.

Claves para practicar la autoestima sana

  • Aprende a decir no
    Resulta repetitivo pero es importante insistir en este punto, precisamente, porque es el que más cuesta a tantas personas que no se atreven a decir no ante una propuesta social, por ejemplo. Aprender a decir no te ayuda a organizar la agenda con libertad para dar valor a tu opinión, a tus necesidades y a tus prioridades. De lo contrario, puedes convertirte en un esclavo del reloj.
  • Marca límites a los demás
    En ocasiones, también es sano marcar límites a personas que tienden a depender de ti con mucha frecuencia para planes que pueden hacer por sí mismas. Piensa que cuando marcas límites no solo evitas la dependencia sino que también, ayudas al otro a superarse a sí mismo.
  • Apuesta por ti
    El amor propio es una apuesta por uno mismo. Una apuesta que conduce a la búsqueda de la felicidad, al cultivo de la autoestima y a la reflexión sobre uno mismo. Si llegásemos a fusionarnos al extremo con los intereses de los demás, entonces, no llegaríamos a saber quiénes somos en realidad.
  • Cuida tu salud
    Existen hábitos de vida a nivel emocional que pueden llegar a ser incluso perjudiciales para uno mismo. Así sucede cuando te das sin límite y medida a otro que necesita tu ayuda. En ese caso, conviene recordar la importancia de cuidar al cuidador ya que así, también, la calidad de los cuidados aumenta.