martes, 9 de febrero de 2021

No hacer nada


 


Cuando estás en un estado de intensa presencia es un poderoso transformador que sana a las personas y las situaciones.
Es radicalmente diferente de la inactividad en el estado de conciencia ordinario —o más bien de inconsciencia— que surge del miedo, de la inercia o de la indecisión.
El verdadero «no hacer nada» implica ausencia de resistencia interna e intensa alerta. Por otra parte, si es necesario actuar, ya no reaccionarás desde tu mente condicionada, sino que responderás a la situación desde tu presencia consciente.
En ese estado, tu mente está libre de conceptos, incluyendo el concepto de no-violencia. De modo que..., ¿quién puede predecir lo que harás?
El ego cree que la fuerza reside en resistirse, cuando en realidad la resistencia te separa del Ser, el único estado de verdadero poder. La resistencia es debilidad y miedo disfrazados de fuerza.
Lo que el ego considera debilidad es tu Ser en toda su pureza, inocencia y poder. Lo que consideras fuerza es debilidad. Por tanto, el ego existe y se mantiene mediante la resistencia continua, y representa papeles falsos para encubrir tu «debilidad», que en realidad es tu poder.
Hasta que se produce la rendición, buena parte de la interacción humana se limita a cumplir papeles inconscientes. Cuando te rindes, ya no necesitas las máscaras del ego ni sus defensas. Te vuelves muy simple, muy real. «Eso es peligroso», dice el ego. «Te sentirás herido. Serás muy vulnerable.»
Lo que el ego no sabe, por supuesto, es que sólo abandonando la resistencia, haciéndote «vulnerable», puedes descubrir tu verdadera y esencial in-vulnerabilidad.
Eckhart Tolle

El regalo para mi hijo


 

- Quiero regalarle algo a mi hijo y no sé qué.
- Regálale calma
- ¿Cómo calma?
- Como suena, así tal cual, calma: cuando tu hijo se altere, regálale calma, cuando se estrese regálale calma, cuando haya una situación difícil regálale calma, cuando pase algo grave regálale calma.
- ¿Pero cómo le ofrezco calma cuando yo me altero?
- Por eso es un regalo, es algo que tú te esfuerzas en obtener y no siempre tienes, no es lo que sobra, uno a quien ama no le regala lo que sobra. Uno a quien ama le regala lo más preciado, le regalamos el tiempo y la energía que invertimos en crecer como seres humanos para estar en condiciones de regalar calma cuando se avecine la tormenta.
Álvaro Pallamares

Reflexiones a día de hoy

 



Queridos agitadores, denunciantes, moralistas y otros agradables contemporáneos...
Tengo una pregunta...
Ahora que las teorías conspirativas de las que tanto os habéis burlado durante los últimos diez meses se están haciendo realidad poco a poco, una a una... ¿realmente os seguís riendo?
Ahora que se está construyendo la primera cárcel para los infractores de la cuarentena, ahora que las daños fatales causados por las vacunas ya no son un rumor, ahora que los brazaletes para los que no llevan mascarilla (bajo receta médica) gozan de gran popularidad, ahora que se golpea a los niños en las calles sin máscaras, ahora que las pruebas y la vacunación forzadas, aunque no son legales, siguen siendo habituales, ahora que los gigantes de la tecnología están restringiendo la libertad de expresión en todo el mundo, ahora que los médicos críticos están perdiendo sus licencias, ahora que es obvio que los súper ricos están emergiendo como los grandes ganadores de la crisis, mientras que la pobreza se está disparando a alturas asombrosas... ¿todavía estáis sentados ahí con tanta rectitud, moviendo vuestro dedo índice, gritando "¡Conspiración! "y riéndoos a carcajadas?
¿Ya os habéis dado cuenta de que este mundo ha perdido toda la dignidad y la humanidad o necesitáis un poco más? ¿Un poco más de dolor, un poco más de hambre, un poco más de despotismo, un poco más de odio, un poco más de violencia policial? ¿Quizás una pequeña guerra civil?
Y sólo hipotéticamente... si alguna vez llegáis al punto en que el que os dais cuenta de que este mundo se va por el desagüe para siempre: ¿creéis que tendréis la grandeza para disculparos entonces? ¿A los amigos que traicionasteis y a los vecinos a los que delatasteis? ¿A los empleados que despedisteis y a los clientes que humillasteis? ¿A los niños que torturasteis con sus máscaras y a toda la gente a la que le hicisteis la vida imposible?
Ahora que habéis visto de primera mano cómo funciona el fascismo y que ciertamente estáis empezando a daros cuenta de que a veces sólo cambia de capa... ¿podemos finalmente detener el experimento, o realmente necesitamos llevarlo a cabo hasta el final para que podáis decir después que no lo sabíais?
Pensé en preguntar, sólo para saber cómo lo lleváis con el estado actual.
Eckard Strohm

La música más profunda


 


Durante mi estadía en Jerusalén hace muchos años, conocí a un hombre sabio y humilde que era una especie de místico. En una de nuestras conversaciones, él me dijo: hay tres tipos de música: el primer tipo tiene melodía y palabras. Es la canción común, fácil de entender, fácil de recordad. El segundo tipo tiene melodía, pero no tiene palabras. Es más profunda, Tiene un ritmo definido, pero no se puede expresar con palabras, ya que es demasiado profunda para las palabras. El tercer tipo no tiene ni melodía ni palabras. Es la música más profunda, la música del alma. Es tan profunda y tan silenciosa, que llega a la esencia misma de nuestro ser. Cuando nosotros hemos experimentado este tercer tipo de música, nos hemos acercado a Dios.
Si nosotros solo miramos la tinta, podemos concentrarnos en una canción –con palabras y melodía.
Si miramos la tinta y los espacios en blanco, podemos concebir un tipo diferente de canción –una canción en la cual la melodía es primordial y las palabras son menos importantes. Si solo miramos los espacios en blanco, podemos concentrarnos en el tipo más profundo de canción –una canción en la que el contenido y la emoción son demasiado poderosos y profundos para ser expresados en palabras o en melodía.

La sexalescencia


 

LA SEXALESCENCIA.
Está circulando por las redes sociales un artículo del Dr. Manuel Posso Zumárraga, en el cual surge un nuevo término, la sexalescencia, para identificar a un grupo de adultos de 60 o más años. Describe hombres y mujeres que manejan las nuevas tecnologías, modernos, progresistas, con ganas de disfrutar de la vida, aprender, colaborar con la sociedad, viajar, conocer gente nueva, y ser dueños de su destino, renunciando a la ubicación como personas de la tercera edad.
Es una generación que ha echado fuera del idioma la palabra “sexagenario”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de envejecer. Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición, en su momento, de la “adolescencia”, que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del Siglo XX. Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganan la vida con eso.
Debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía.
La mujer sexalescente pudo sobrevivir al deseo de poder que le dio el feminismo de los 60 y pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad. Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido masculinas, algunas estudiaron una carrera universitaria junto con la de sus hijos, otras eligieron tener hijos a temprana edad, fueron periodistas, atletas o crearon su propio “yo”. Este tipo de mujeres nacidas en los 50s. No son ni por equivocación las clásicas “suegras” que quieren que los hijos les estén llamando todos los días, porque ellas tienen su propia vida y ya no viven a través de la vida de los hijos. Su camino no ha sido fácil.
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de “sesenta o setenta”, hombres y mujeres, manejan la compu como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos. Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se preocupan por cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, cultivan su propio estilo… Ellos no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, ni ellas sueñan con tener la figura de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia. Hoy la gente de 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias y ellos lo saben. La gente de 60 y 70 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo…hacen planes con su propia vida, no con la de los demás.
Saludos,
Sexalescentemente

 


Un ejemplo perfecto de cómo las circunstancias inciden en el desarrollo del talento es la siguiente historia:
En el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nürenberg, vivía una familia con varios hijos. Para poner pan en la mesa para todos, el padre trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de carbón, y en cualquier otra cosa que se presentara. Dos de sus hijos tenían un sueño: querían dedicarse a la pintura. Pero sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia. Después de muchas noches de conversaciones calladas, los dos hermanos llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda, y el perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara... Al terminar los estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa con la venta de sus obras. Así, los dos hermanos podrían ser artistas.
Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la iglesia. Uno de ellos llamado Albrecht Durero, ganó y se fue a estudiar a Nüremberg. Entonces, el otro hermano, comenzó el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció durante los siguientes cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia. Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.
Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durero se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albretch se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado trabajando en las minas para hacer sus estudios una realidad. Y dijo:
- “Ahora, hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir a Nüremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de todos tus gastos."
Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba su hermano. Pero éste, con el rostro empapado en lágrimas, se puso en pie y dijo suavemente:
- “No, hermano, no puedo ir a Nüremberg. Es muy tarde para mí. Estos cuatro años de trabajo en las minas han destruido mis manos. Cada hueso de mis dedos de ha roto al menos una vez, y la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis. No podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino, y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano, para mí ya es tarde. Pero soy feliz de que mis manos deformes hayan servido para que las tuyas ahora hayan cumplido su sueño.”
Más de 450 años han pasado desde ese día. Hoy los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albretch Durero pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, sólo recuerde uno. Seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su casa. Es el que un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano, Albretch Durero dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente “manos” pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambió el nombre por el de “manos que oran”.




El valor terapéutico de los abrazos

 




La duración media de un abrazo entre dos personas es de 3 segundos. Pero los investigadores han descubierto algo fantástico. Cuando un abrazo dura 20 segundos, se produce un efecto terapéutico sobre el cuerpo y la mente. La razón es que un abrazo sincero produce una hormona llamada “oxitocina”, también conocida como la hormona del amor. Esta sustancia tiene muchos beneficios en nuestra salud física y mental, nos ayuda, entre otras cosas, para relajarse, para sentirse seguro y calmar nuestros temores y la ansiedad. Este maravilloso tranquilizante se ofrece de forma gratuita cada vez que tenemos a una persona en nuestros brazos, que acunamos a un niño, que acariciamos un perro o un gato, que estamos bailando con nuestra pareja, cuanto más nos acercamos a alguien o simplemente sostenemos los hombros de un amigo.
Abraza, abraza con el corazón.