martes, 31 de agosto de 2010

Los sonidos del silencio



Un rey mandó a su hijo a estudiar a un templo de un gran maestro con el objetivo de prepararlo para que sea una gran persona.
Cuando el príncipe llegó al templo, el maestro lo mandó sólo hacia el bosque. El tendría que regresar un año después, con la tarea de describir todos los sonidos del bosque.
Cuando el príncipe regresó al templo al cabo de un año, el maestro le pidió que describiera todos los sonidos que había podido oír.
Entonces dijo el príncipe:
"Maestro, pude oír el canto de los pájaros, el ruido de las hojas, el revoloteo de los picaflores, la brisa acariciando las hierbas, el zumbido de las abejas, el sonido del viento surcando los cielos".
Y al terminar su relato, el maestro le pidió que regresara al bosque para oír más, todo lo que fuera posible.
Intrigado, el príncipe obedeció la orden del maestro, pensando: "No entiendo, yo ya distinguí todos los sonidos del bosque..."
Pasó días y noches enteras en soledad oyendo, oyendo, oyendo… pero no consiguió distinguir nada nuevo, además de aquello que le había dicho al maestro.
Sin embargo, una mañana, comenzó a distinguir sonidos vagos, diferentes a todo lo que había oído antes. Y cuanta más atención prestaba, los sonidos se volvían más claros. Una sensación de encanto envolvió al muchacho. Pensó: "Esos deben ser los sonidos que el maestro quería que oyera..." Y sin prisa, permaneció allí oyendo y oyendo, pacientemente. Quería estar seguro de que estaba en el camino correcto.
Cuando volvió al templo, el maestro le preguntó qué más había podido oír.
Paciente y respetuosamente el príncipe le dijo:
"Maestro, cuando presté atención pude oír el inaudible sonido de las flores abriéndose, el sonido del sol saliendo y calentando la tierra y el de las hierbas bebiendo el rocío de la noche..."
El maestro sonriendo, asintió con la cabeza en señal de aprobación, y dijo:
"Oír lo inaudible es tener la calma necesaria para convertirse en una gran persona.

Recién cuando se aprende a oír el corazón de las personas, sus sentimientos mudos, sus miedos no confesados y sus quejas silenciosas, una persona puede inspirar confianza a su alrededor; entender lo que está errado y atender las reales necesidades de cada uno.
La muerte de una relación comienza cuando las personas oyen apenas las palabras pronunciadas por la boca, sin prestar atención a lo que hay en el interior de las personas para oír sus sentimientos, deseos y opiniones reales.
Es preciso, oír el lado inaudible de las cosas, el lado no mensurado,
el más importante del ser humano...

El mérito que acepta el silencio como la cosa más natural del mundo es el más alto aplauso. Ralph Waldo Emerson
El silencio es como el viento: atiza los grandes malentendidos y no extingue más que los pequeños. Eddie Constantine 
El silencio es el ruido más fuerte, quizá el más fuerte de los ruidos. Miles Davis 
El silencio del envidioso está lleno de ruidos. Khalil Gibran
Si tienes palabras más fuertes que el silencio, habla. Si no las tienes, entonces guarda silencio. Eurípides 

lunes, 30 de agosto de 2010

Lo que opinan de ti




Les preguntó un maestro de novicios a sus discípulos:
-¿Que opinión debe importarle más a un hombre?
-La de los otros hombres-respondió uno.
-La de su familia-opinó otro.
-La de sus amigos-aventuró un tercero.
Dijo el maestro:
-Todas esas opiniones son muy importantes, pero ninguna más que la propia opinión.
A los demás los podemos engañar, a nosotros mismos no.
Tarde o temprano la verdad llega con su luz.
Entonces nos vemos cuales somos y nos juzgamos sin error.
Tal es el juicio final.
No importa nada que todos los hombres digan bien de mí si de mí mismo pienso mal.
Y nada importa que todo el mundo piense mal de mí si yo aprobé mi examen de conciencia. 

domingo, 29 de agosto de 2010

Las huellas doradas




Martín había vivido gran parte de su vida con intensidad y gozo.
De alguna manera su intuición lo había guiado cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor camino.
Casi todo el tiempo se sentía en paz y feliz, ensombrecía su ánimo, algunas veces, esa sensación de estar demasiado en función de sí mismo.
Él había aprendido a hacerse cargo de sí y se amaba suficientemente como para intentar procurarse las mejores cosas. Sabía que hacía todo lo posible para cuidarse de no dañar a los demás, especialmente a aquellos de sus afectos. Quizás por eso le dolían tanto los señalamientos injustos, la envidia de los otros o las acusaciones de egoísta que recogía demasiado frecuentemente de boca de extraños y conocidos.
¿Alcanzaba para darle significado a su vida la búsqueda de su propio placer?
¿Soportaba él mismo definirse como un hedonista centrando su existencia en su satisfacción individual?
¿Cómo armonizar estos sentimientos de goce personal con sus concepciones éticas, con sus creencias religiosas, con todo lo que había aprendido de sus mayores?
¿Qué sentido tenía una vida que sólo se significaba a sí misma?
Ese día, más que otros, esos pensamientos lo abrumaron.
Quizás debía irse. Partir. Dejar lo que tenía en manos de los otros. Repartir lo cosechado y dejarlo de legado para aunque sea en ausencia ser en los demás un buen recuerdo.
En otro país, en otro pueblo, en otro lugar, con otra gente, podría empezar de nuevo. Una vida diferente, una vida de servicio a los demás, una vida solidaria.
Debía tomarse el tiempo de reflexionar sobre su presente y sobre su futuro
Martín puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte.
Le habían contado del silencio de la cima y de cómo la vista del valle fértil ayudaba a poner en orden los pensamientos de quien hasta allí llegaba.
En el punto más alto del monte giró para mirar su ciudad quizás por última vez.
Atardecía y el poblado se veía hermoso desde allí.
Por un peso te alquilo el catalejos.
Era la voz de un viejo que apareció desde la nada con un pequeño telescopio plegable entre sus manos y que ahora le ofrecía con una mano mientras con la otra tendida hacia arriba reclamaba su moneda.
Martín encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la alcanzó al viejo que desplegó el catalejos y se lo alcanzó.
Después de un rato de mirar consiguió ubicar su barrio, la plaza y hasta la escuela frente a ella.
Algo le llamó la atención. Un punto dorado brillaba intensamente en el patio del antiguo edificio.
Martín separó sus ojos del lente, parpadeó algunas veces y volvió a mirar. El punto dorado seguía allí.
¡Qué raro! - exclamó Martín sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.
¿Qué es lo raro?, preguntó el viejo
El punto brillante, dijo Martín, ahí en el patio de la escuela, siguió, alcanzándole al viejo el telescopio para que viera lo que él veía.
Son huellas, dijo el anciano.
¿Qué huellas?, preguntó Martín.
Te acordás de aquel día... debías tener siete años; tu amigo de la infancia, Javier, lloraba desconsolado en ese patio de la escuela. Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clases. Él había perdido el dinero y lloraba a mares, contestó el viejo. Y después de una pausa siguió, ¿Te acordás lo que hiciste? Tenías un lápiz nuevito que estrenarías ese día. Te arrimaste al portón de entrada y cortaste el lápiz en dos partes iguales, sacaste punta a la mitad cortada y le diste el nuevo lápiz a Javier.
No me acordaba, dijo Martín, Pero eso ¿qué tiene que ver con el punto brillante?.
Javier nunca olvidó ese gesto y ese recuerdo se volvió importante en su vida.
¿Y?
Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros, explicó el viejo, las acciones que contribuyen al desarrollo de los demás quedan marcadas como huellas doradas...
Volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante en la vereda a la salida del colegio.
Ese es el día que saliste a defender a Pancho, ¿te acordás?. Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo arrancado.
Martín miraba la ciudad.
Ese que está ahí en el centro, siguió el viejo, es el trabajo que le conseguiste a Don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica... y el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que juntaste el dinero que hacía falta para la operación del hijo de Ramírez... las huellas esas que salen a la izquierda son de cuando volviste del viaje porque la madre de tu amigo Juan había muerto y quisiste estar con él.
Martín apartó la vista del telescopio y sin necesidad de él empezó a ver cómo, miles de puntos dorados aparecían desparramados por toda la ciudad.
Al terminar de ocultarse el sol, el pueblo parecía iluminado por sus huellas doradas.

sábado, 28 de agosto de 2010

La cuatro esposas




Había una vez un rey que tenía cuatro esposas. Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.
También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.
También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.
La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca. Sin embargo, el no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, apenas si el se fijaba en ella.
Un día, el rey enfermo y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló: “Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, Cuando muera, estaré solo".
Así que le pregunto a su cuarta esposa: "Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, "¿Estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?"
"Ni pensarlo!", Contesto la cuarta esposa y se alejo sin decir más palabras. Su respuesta penetro en su corazón como un cuchillo filoso.
El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa:"Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿Estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "No!", Contesto su tercera esposa. "La vida es demasiado buena! Cuándo mueras, pienso volverme a casar!" Su corazón experimento una fuerte sacudida y se puso frió.
Entonces preguntó a su segunda esposa: "Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?"Lo siento, no puedo ayudarte esta vez!", Contesto la segunda esposa. "Lo mas que puedo hacer por ti es enterrarte". Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.
Entonces escuchó una voz: "Me iré contigo y te seguiré doquiera tus vayas". El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa.
Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición. Profundamente afectado, el monarca dijo: Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!".
En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas.
Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos.
Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riqueza. Cuando muramos, irán a parar a otros.
Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.
Y nuestra primera esposa es nuestra alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañara donde quiera que vayamos. Así que, cultívala, fortalécela y cuídala ahora!

Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al mundo. Déjala brillar !

viernes, 27 de agosto de 2010

La cajas de Dios



Tengo en mis manos dos cajas que Dios me dio a guardar.

Me dijo: Pon tus tristezas en la negra, y todas tus alegrías en la de oro.
Seguí estas palabras y en ambas cajas tristezas y alegrías guardé.
A pesar de que la dorada se hacía más pesada día con día, la negra era tan ligera como antes... 
Lleno de curiosidad, abrí la caja negra para ver lo que ocurría, y vi en el fondo de la caja un agujero por donde mis tristezas habían desaparecido.
Se la mostré a Dios y le dije: 
Me pregunto ¿dónde están mis tristezas?
Y con una tierna sonrisa me respondió: "Hijo mío, todas ellas están aquí conmigo".
Le pregunté: Dios mío, ¿por qué me diste las cajas?
¿Por qué la dorada, y la negra con agujero?
Y él me respondió: "Hijo mío, la dorada es para que tomes en cuenta todas tus bendiciones, la negra es para que puedas olvidar".

jueves, 26 de agosto de 2010

La furia y la tristeza



En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.

Jorge Bucay, 26 cuentos

miércoles, 25 de agosto de 2010

La señora Petisa



La señora Petisa, bien equilibrada y orgullosa de 92 anos de edad, completamente lista cada mañana para las 8 en punto, con su cabello peinado al estilo de peluquería y un maquillaje perfectamente aplicado, aun sabiendo que ella era casi ciega, se mudo hoy para un asilo de ancianos. Su marido durante 70 anos, recientemente había muerto, obligando a que esta mudanza fuera necesaria.
Después de muchas horas de esperar pacientemente en la recepción del asilo de ancianos, ella sonrió muy dulcemente cuando le avisaron que su habitación estaba lista.  Mientras ella maniobraba su andador al ascensor, yo le daba una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las sabanas y cortinas que habían sido colgadas en su ventana.
- "Me encantan", dijo ella con el entusiasmo de un chiquillo de 8 años al que acaban de mostrar un nuevo cachorro.
- "Sra. Jones, usted aun no ha visto el cuarto....solo espere"
- "Eso no tiene nada que ver", dijo ella. "La felicidad es algo que uno decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende en como  este arreglado el lugar, depende en como yo arregle mi mente. Ya habia decidido de antemano que me encajaría". " Es una decisión que tomo cada manana al levantarme". "Estas son mis posibilidades: puedo pasarme el dia en cama enumerando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo  que ya no funcionan, o puedo levantarme de la cama y agradecer por las que si funcionan.  Cada día es un regalo, y por el tiempo que mis ojos se abran me  enfocare en el nuevo día y en las memorias felices que he guardado en mi mente.....solo por este momento en mi vida.  La vejez es como una cuenta bancaria. Uno extrae de lo que había depositado en ella. Entonces, mi consejo para ti seria que deposites gran cantidad de felicidad en la cuenta bancaria de tus recuerdos".  Gracias por lo que has hecho para llenar mi banco de memorias. Sigo depositando.
Recuerda las simples cinco reglas para ser feliz:
1. Libera tu corazón de odio.
2. Libera tu mente de preocupaciones.
3. Vive humildemente.
4. Da más.
5. Espera menos.

martes, 24 de agosto de 2010

La ostra y la perla




“Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas"...
Las perlas son producto del dolor... resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena.
Las perlas son heridas y luego... curadas.
En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada NÁCAR.
Cuando penetra en la ostra un grano de arena o de otra elemento agresivo para la ostra, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. La belleza de las perla reside en la sabidurí
a de la ostra para transformar lo que la ha agredido y convertirlo en lo más valioso de sí mismo. La ostra practica con la perla la alquimia de hallar en los hechos de la vida, desprovistos de las emociones a las que iban aparejados y del polvillo del ego, las circunstancias y los detalles vanales en el oro, ese tesoro interno que puede hallarse en las ostras que han trascendido las agresiones y las han transformado en lo más valioso que tienen.
Como resultado, se va formando una hermosa perla.            
Una ostra que no fue herida de algún modo no puede producir perlas, porque la perla es una herida cicatrizada...
¿Te has sentido lastimado(a) por las palabras hirientes de alguien...?
¿Fuiste acusado de haber dicho cosas que nunca dijiste?
¿Tus ideas fueron rechazadas o mal interpretadas?
¿Sufriste los duros golpes de los preconceptos?
¿Recibiste una porción de indiferencia?
¿Superaste todo y vives en paz contigo mismo?
ENTONCES ERES UNA PERLA !!!
Cubre tus lastimaduras con varias capas de amor.
Desgraciadamente son pocas las personas que se interesan por hacerlo. La mayoría sólo aprende a cultivar resentimientos dejando sus heridas abiertas... alimentándose con varios tipos de sentimientos pobres e impidiendo por lo tanto, que las heridas cicatricen.
Así, en la práctica vemos que son muchas las “Ostras vacías”, no porque no hayan sido heridas, sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar su dolor en AMOR.
Cada muerte en vida es una “perla herida”, pero jamás cicatrizada.
Cultiva tu ALMA como si estuvieras cultivando una PERLA...

lunes, 23 de agosto de 2010

La mirada del amor




El rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el rey había hecho su última esposa.
Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre.
A su regreso, el rey fue informado de la situación.
-¿No es maravillosa?-dijo-Esto es verdaderamente amor filial. No le importó su vida para cuidar a su madre!! Es maravillosa!
Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.
-¡Parecen ricos!-dijo el rey.
-Lo son- dijo la princesa y alargando la mano le cedió a su amado el último durazno.
-¡Cuánto me ama!-comentó después el rey-, Renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta.¿no es fantástica?
Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión desaparecieron del corazón del rey.
Sentado con su amigo más confidente, le decía:
-Nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi investidura usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida.

Jorge Bucay, 26 cuentos


domingo, 22 de agosto de 2010

La mentira descubierta




El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y  fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia, en su lectura del 9 de Junio en  la  Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un  ejemplo de la vida sin violencia en el arte de sus padres:
"Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que  mi  abuelo había fundado  en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban,  en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar.  Estábamos bien al interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos  hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a  visitar amigos o ir al cine. Un día mi padre me pidió que le llevara a la  ciudad para asistir una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad.
Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me  pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el  auto al taller.  Cuando me despedí de mi padre él me dijo:
- Nos vemos aquí a las 5 p.m. y  volvemos a la casa juntos.
Después de completar muy rápidamente  todos los encargos, me fui hasta el  cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de  John Wayne, que me olvidé del tiempo.
Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m.  Él me preguntó con ansiedad:
- ¿Por qué llegas tarde?
Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que  esperar...esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al  taller.
Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo:
- Algo no anda bien en la manera como te he criado puesto que no te he dado la  confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto.
Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar  hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados.  No lo podía dejar solo...  así que yo manejé 5 horas y media detrás de el... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.
Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.
Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso...  Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros  hijos... ¿hubiese aprendido la lección?... ¡No lo creo!...  Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo... Pero  esta  acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer...
¡Éste es el poder de la vida sin violencia!.