sábado, 14 de agosto de 2010

El camino de lágrimas





Imaginemos que alguien se lastima.
Supongamos que un joven sano jugando al fútbol descalzo con sus amigos en un campo. Corriendo un pase para meter un gol pisa algo filoso, una piedra, un pedazo de vidrio, una lata vacía y se lastima. El joven sigue corriendo, alcanza la pelota y a pesar del dolor que siente al afirmar el pie para patear le pega a la pelota con todas su fuerza venciendo al arquero y ganando el partido.

Todos festejan.
Un compañero le advierte de la mancha roja que deja en el pasto en cada pisada.
El joven se sienta en un banco y al mirarse la planta del pie se da cuenta del tajo sangrante que tiene cerca del talón.

¿Cómo sería la evolución normal y saludable para esta herida?
¿Cuáles son las etapas por las que va a pasar esta herida?
Tal como vimos, muchas veces, en un primer momento todo ocurre como si no pasara nada.
El muchacho sigue corriendo la pelota, la señora sigue cortando el pan con el cuchillo filoso y el carpintero no nota que se lastimó hasta que una gota de sangre mancha la madera.

En ese primer instante, muchas veces, ni siquiera hay sangre; el cuerpo hace una vasoconstricción, achica el calibre de los vasos sanguíneos, inhibe los estímulos nerviosos y establece un período de impasse, un mecanismo de defensa, más fugaz cuanto mayor sea la herida.

Inmediatamente aparece el dolor agudo, intenso y breve, a veces desmedido, que es la primera respuesta concreta del cuerpo que avisa que algo realmente ha pasado.
Y después la sangre, que brota de la herida en proporción al daño de los tejidos.
La sangre sigue saliendo hasta que el cuerpo naturalmente detiene la hemorragia.

En la herida se produce un tapón de fibrina, plaquetas y glóbulos:
el coágulo, que sirve entre otras cosas para que la herida no siga sangrando..
Cuando está el coágulo hecho, empieza la etapa más larga del proceso.
El coágulo se retrae, se seca, se arruga, se vuelve duro y se mete para adentro.
El coágulo se transforma en lo que vulgarmente llamamos "la cascarita".

Pasado un tiempo, los tejidos nuevos que se están reconstruyendo de lo profundo a lo superficial empujan "a cascarita" y la desplaza hacia afuera hasta que se desprende y cae.
La herida de alguna manera ya no duele, ya no sangra, está curada; pero queda la marca del proceso vivido: la cicatriz.

Etapas de Sanación de una herida.

1- Vasoconstricción.
2- Dolor agudo.
3- Sangrado.
4- Coágulo.
5- Retracción del coágulo.
6- Reconstrucción fisular.
7- Cicatriz.

Este es más o menos el proceso evolutivo normal de una herida cortante.
Si esto no sucede, algo puede estar funcionando mal.
Quiero decir, si un paciente ante una herida cortante más o menos importante no sangra, está mal.

Uno podría pensar "mirá que suerte, no perdió sangre";
a veces puede no ser una gran suerte, un herido en estado de shock no sangra y podría morir.
Y por supuesto cuanto más grande es la herida, más larga, más tediosa y más peligrosa es cada etapa. Siempre es así, cuánto más grande es la herida, más tarda en cicatrizar y más riesgo hay de que algo se complique en algún momento de la evolución.

Si nos estancamos en cualquiera de estas etapas siempre vamos a tener problemas.
De todas maneras no traigo esto para explicar cómo evoluciona una herida cortante sino porque hace poco me sorprendí al darme cuenta de la enorme correspondencia que existe entre las etapas que cada uno pude deducir por su propia experiencia con lastimaduras y la situación aparentemente compleja de elaborar un duelo.

Un duelo es, como hemos dicho, la respuesta normal a un estímulo, un hecho que nos hiere y que llamamos pérdida..Porque la muerte de un ser querido es una herida, dejar la casa paterna es una herida, irse a vivir a otro país es una herida, romper un matrimonio es una herida.
Cada pérdida funciona, en efecto, como una interrupción en la continuidad de lo cotidiano, como una cortadura es una interrupción en la integridad de la piel.

Si entendimos cómo se sana una herida, vamos a tratar de deducir juntos qué pasa con la elaboración de un duelo.
Por esta coherencia del ser humano veremos que los pasos que sigue la sanación emocional son básicamente los mismos, no se llaman igual, pero como vamos a ver, con un poco de suerte, quizás resulten equivalentes.
Lo primero que sucede es que decimos "no puede ser".
Pensamos que debe ser un error, que no puede ser,
decimos internamente que no, pensamos que es demasiado pronto,
que no estaba previsto, que en realidad "estaba todo bien"...
Esta primera etapa se llama la etapa de la incredulidad.

Hay un impasse, un momento de negación y cuestionamiento donde no hay ni dolor; la sorpresa y el impacto nos llevan a un proceso de confusión donde no entendemos lo que nos están diciendo.
Después de todos nuestros intentos para ignorar la situación, de pronto nos invade toda la conciencia junta de que ese ser no esta mas a nuestro lado...
Y entonces la situación nos invade, nos desborda, nos tapa, de repente un golpe emocional tan grande desemboca en una brusca explosión.
Esta explosión dolorosa es la segunda etapa del duelo normal.
Es la etapa de la regresión.

Así como en la herida física de pronto el dolor me avisó y me di cuenta de que me había lastimado, y cuando supe empecé a sangrar, así mismo cuando las emociones desbordadas empiezan a salir para afuera, empiezo a sangrar.
Y la sangre que sale no es la de la tristeza.
Es el primer sangrado, la tercera etapa, la que empieza tras tener conciencia de lo que pasó: se llama la etapa de la furia.

Esta furia que aparece aquí, en esta tercera etapa, es la furia que esconde la tristeza que se viene.
La tristeza todavía no va a aparecer porque el cuerpo está preparándose para soportarla.
Por ahora la furia es lo que priva y, si todo va bien, va a pasar.
Pero hemos visto que para que pare la sangre habrá que taponar la herida con algo.
Algo que sea justamente el resultado del sangrar.

Porque si el paciente siguiera sangrando se moriría.
Si el paciente siguiera furioso se moriría agotado, destrozado por la furia.
Algo tendrá que parar esta sangre, algo tendrá que actuar como tapón, como si fuera un coágulo. Este derivado construido de la misma sustancia de la furia que la reemplaza y la frena se llama culpa.
En el proceso natural de la elaboración de un duelo aparece tarde o temprano una etapa de la culpa.
Nos empezamos a sentir culpables. Culpables por muchos motivos...

La culpa no dura porque es ficticia y cuando se queda nos estanca en la parte mentirosa omnipotente y exigente del duelo. Pero si no hacemos algo que nos detenga, naturalmente aparece la retracción del coágulo, como pasa con la herida.
Voy metiéndome para adentro, voy volviéndome seco.
Y llego a una etapa, la quinta, desde lo subjetivo la más horrible de todas, la etapa de la desolación.

La etapa de la desolación es la de la verdadera tristeza.
Esta es la etapa más temida. Tanto que gran parte de lo anterior pasó para evitar esto, para retrasar nuestra llegada aquí.
Aquí es donde está la impotencia, el de darnos cuenta de que no hay nada que podamos hacer..
Este es el momento más duro del camino.
 En honor a esta etapa se llama el camino de las lágrimas.

esta es la etapa de la tristeza que duele en el cuerpo, la etapa de la falta de energía, de la tristeza dolorosa y aplastante.
La depresión aparece justamente cuando me declaro incapaz de transformar mi emoción en una acción. A veces los deprimidos no están tristes, están deprimidos, pero no están tristes.
Y éstos están tristes, no sé si están deprimidos, quizás sí, quizás no, pero lo que seguro están es desesperados... Están verdaderamente desesperados.

Pero no es la desolación de la sinrazón. Cuando nos encontramos con estas personas y las miramos a los ojos, nos damos cuenta de que algo ha pasado, de que algo se ha muerto en ellos.
Y es bien triste acompañar a alguien que está en este momento.
Es triste porque comprendemos y sentimos.

Porque nos "compadecemos" de lo que le pasa, quiero decir "padecemos con" esa persona.
Es lógico que así sea..
Los intentos para salirse de esta situación tan desesperante son infinitos.
Durante el camino de las lágrimas algunas personas tienen tanto deseo de que sea cierto que el otro está cerca que quisieran poder percibirlo.

Están tan deseosos y tan necesitados que a veces podrían enredarse en creer cualquier cosa. Un momento de tristeza, de visiones, de creencias, de miedos y de incertidumbres. Un tiempo muy expuesto al engaño de los estafadores de ilusiones.

Y así sucede, lamentablemente, demasiadas veces. Lo malo de esta etapa de desolación es que es desesperante, dolorosa, inmanejable.
Lo bueno es que pasa, y que mientras pasa, nuestro ser se organiza para el proceso final, el de la cicatrización , que es el sentido último de todo el camino.
Pero cómo podría prepararme para seguir sin la persona amada si no me cierro a vivir mi proceso interno, cómo podría reconstruirme si no me retiro un poco de lo cotidiano.
Eso hacen la tristeza y el dolor por mí, me alejan, para poder llorar lo que debo llorar y preservarme de más estímulos hasta que esté preparado para recibirlos, me conectan con el adentro para poder volver al afuera a recorrer los dos últimos tramos del camino de las lágrimas: el de la fecundidad y el de la aceptación.

Ahora podemos comparar los esquemas para confirmar la correspondencia más completa.

Herida = Duelo
Vasoconstricción = Incredulidad
Dolor agudo = Regresión
Sangrado = Furia
Coágulo = Culpa
Retracción del coágulo = Desolación
Reconstrucción tisular = Fecundidad
Cicatriz = Aceptación

En el final mismo de esta etapa de desolación empezamos a sentir cierta necesidad de dar, muchas veces darle algo al que se fue.
Desde el punto de vista psicológico profundo quizás tenga que ver con el deseo de escaparnos de ese odioso cepo de la impotencia que siempre termina incomodándome.
Salimos de este lugar donde sentimos que no podemos hacer nada.
Esta sensación inexplicable, seguramente tiene que ver con mis lazos vitales con el mundo de lo que amo.

Seguramente está muy lejos de ser la salida, pero es el principio de ella,
un intento de resolver en mi cabeza lo que no puedo resolver en los hechos.
Este principio de salida se llama identificación y me acerca al establecimiento de la etapa de fecundidad
De la desolación se empieza a salir identificándonos con algunos aspectos del que fue, focalizando transitoriamente algunas características para poder hacerlas mías.
Cuando el proceso es normal sucede como una revaloración un poco exagerada de las virtudes reales del ausente y da lugar a la razonable crítica posterior.

Hablando de una persona que se fue puedo decir "era tan lindo, el más inteligente, era maravilloso y estaba llamado a grandes cosas"
Pero si sigo diciendo que era la encarnación de lo perfecto, que era el más lindo que nunca existió y que era demasiado mi persona para el y por eso Dios quiso que las cosas se den así, estoy perdido.
Erré el camino y la revaloración se transformó en idealización.
Ya no estoy viendo las cosas. No hay nada peor que confundir valorar con idealizar; una me permite elaborar el dolor, al otra lamentablemente es una manera de no salirse de él.

Después de haber penado y llorado la ausencia me doy cuenta de que me alegra escuchar un tango cuando antes yo nunca escuchaba tangos, que me empieza a gustar cocinar, como a ella le gustaba, o que empiezo a disfrutar de los paseos al aire libre, que en realidad nunca aceptaba compartir y empiezo a probar los dulces caseros que ella dejó y que tanto le gustaban y termino diciendo "pobres los viejos que siempre criticaba y ahora aquí estoy yo haciendo lo mismo".

Esta es la cuota de identificación irremediable con el que no está.
Que empieza cuando me doy cuenta de en cuántas cosas éramos parecidos y termina cuando sin darme cuenta empiezo a hacer cosas para parecerme.
El proceso de identificación es un puente a lo que sigue.
¿Por qué es un puente para empezar a salir?
Porque sin identificación no puede haber fecundidad. ¿Qué es fecundidad?

Es empezar a hacer algunas cosas dedicadas a esa persona, o por lo menos con conciencia de que han sido inspiradas por el vínculo que tuvimos con ella.
Voy a transformar esa energía ligada al dolor en una acción.
Este es el principio de lo nuevo.
Esta es la reconstrucción de lo vital, este es el comienzo: lograr que mi camino me lleve a algo que de alguna manera se vuelva útil para mi vida o para la de otros. Inspirados en la estructura original de los grupos de autoayuda que se expandieron por el mundo a partir de la exitosa experiencia de Alcohólicos Anónimos, se han creado infinidad de grupos autogestionados, grupos de personas que comparten lo que les ha pasado.

Hay grupo de padres que han perdido un hijo, grupo de huérfanos, grupos de familiares accidentados, grupo de gente que sufre de la misma enfermedad que yo sufro.
"Grupos de tarea" que se ocupan de brindar ayuda a aquellos que atraviesan un momento del camino que ellos ya recorrieron y que son la materialización de esto que estoy llamando duelo.
La transformación del duelo sólo doloroso y aislado en una historia que le dé un sentido adicional a la propia vida. Si esto se puede hacer entonces se llegará a la aceptación.
La última etapa del camino de las lágrimas, el equivalente de la cicatrización, es la etapa de la aceptación.

Aceptación quiere decir dos cosas. La primera es discriminarse.
La palabra no es linda, pero no hay otra Discriminarse de la persona que se fue, que ya no esta, separarse, diferenciarse, asumir sin lugar a dudas que esa persona no esta mas a nuestro lado
Quiere decir, la vida no terminó para mí.
Quiere decir resituarse en la vida que sigue.

La segunda cosa que quiere decir aceptar es "interiorizar".
Recuerden, venimos de la identificación (Él era como yo) y de la discriminación (pero no era yo).
Y sin embargo yo no sería quien soy si ni siquiera lo hubiera conocido.
Algo de esa persona quedó en mí. Esto es la interiorización.
La conciencia de lo que el otro dejó en mí y la conciencia de que por eso siguen vivas en mí, las cosas que aprendí, exploré y viví.

Lacan dijo algo fantástico respecto del duelo:
"Uno llora a aquellos gracias a quienes es."

Y a mí me parece increíblemente sabio este pensamiento, esta idea gracias a algunas personas yo soy quien soy, sea yo consciente o no del proceso.
De hecho, todos los seres que quiero en el mundo han tenido que ver con esto que yo soy hoy y por eso los lloraré cuando no estén.

3 comentarios:

Virginia Green dijo...

! Hola! ROSA
Y como se le llama al dolor que el cuerpo le es imposible resistir.
Escuche, un caso en Texas; que la madre pierde al mismo tiempo a cinco de sus siete hijos por mano de el padre, la madre no pudo Resistir el dolor y quedo en shock (paralizada).
¿Es el Cuerpo que hace trabajar a las Células? Evitando sentirlo el Dolor.
Por Ser este un DOLOR AGUDO.
¿Es un trabajo de Dios? ¿Porque Dios sabe que es demasiado Dolor para esta mujer? Y la bendijo al bloquear su mente y todo su cupo?
Hasta Cuanto Dolor puede Un Ser humano Resistir.

marga dijo...

recibo los mensajes de la terapeuta ROSA GOMEZ y me gustaron las palabras del tema del duelo, yo perdi a mi madre hace 7 meses tuve una relacion muy conflitiva con 25 años de analisis siempre hablando de ella. hoy lo sigo haciendo no soy la misma de antes, siento el dolor, en la parte de la cabeza quisiera volverme loca para no pensar k perdi a mi madre para siempre, tgo una flia, pero hoy me siento sola, sola el duelo duele

Rosa Gómez Casañ dijo...

Hola Virginia: ¿Hasta cuanto dolor se puede resistir? Mucho más de lo que nos podemos imaginar, pero nuestra capacidad de resistencia al dolor se llama risiliencia, que es nuestra capacidad de sobrevivir a la adversidad y unos seres humanos la tienen más alta que otros. Hay algunos factores que ayudan a que esta capacidad se incremente o sea menor, pero eso requeriría un artículo, pero lo cierto es que Dios no nos manda nunca nada que no podamos soportar.
Hola Marga:
Entra en el duelo hasta que te supure dolor todo el dolor de la relación con tu madre, intensifícalo en tu cuerpo al máximo, y en ese estado dile a tu madre como si estuviera presente todo lo que quisiste decirle y no pudiste entonces, anota lo que has sentido después. Ya me cuentas